SIMPLEMENTE LA LEY   

   SIMPLEMENTE LA LEY   

Antes de comenzar a leer LA LEY –si es que, finalmente, aceptáis nuestra sugerencia- os propongo una cosa: olvidaros, antes y durante la lectura, de vuestras posiciones ideológicas, sean las que sean, y activad, solamente, la razón y el sentido común, pues las propuestas del libro de Frédéric Bastiat están concebidas en la más estricta lógica y, como muestra de lo anterior os dejo, a modo de presentación, su percepción de la sociedad, la ley y el poder político que la condiciona, en el muy directo e ilustrativo primer párrafo de su libro:

“¡La Ley, pervertida! ¡La Ley (y por consiguiente todas las fuerzas colectivas de la nación), la Ley, digo, no sólo desviada de su objeto sino aplicada a otro directamente opuesto! ¡La Ley, convertida en instrumento de toda codicia, cuando debía ser su freno! ¡La Ley, cometiendo la iniquidad misma que debía castigar!”

¿No encaja, perfectamente, esta justa ira con la situación que sufre, por poner un ejemplo, un español cuando, al regresar de unas vacaciones, se encuentra su casa secuestrada –a eso se le llama, ahora, “okupación”- y no puede recuperarla porque una absurda ley, que no respeta la propiedad privada, le impide hacerlo? ¿Podemos pensar, por un momento, en el saqueo y la destrucción de los bienes que en su interior se encuentran? ¿Es esto justicia? Yo diría que no y, por ello, al leer esta pequeña obra maestra de Bastiat, he pensado que parece escrita –por centrarme en un solo país- para ilustrar a los españoles de hoy lo que significan la Ley y la Justicia, así, con mayúsculas. 

Frédéric Bastiat nació en Bayona, Francia, hace poco más de doscientos años y, desgraciadamente, murió de tuberculosis, con apenas cincuenta años, en el apogeo de su actividad divulgativa e intelectual. Escribió LA LEY ya enfermo y sabiendo cuán cerca tenía a la muerte. Este hombre, hoy bastante ignorado, defendió con valentía el libre comercio, los mercados libres y, sobre todo, la libertad individual.  Con un estilo sencillo, ciertas dosis de humor y mucho ingenio supo golpear con eficacia a sus oponentes y. como prueba de ello, encontrarán en el libro hábiles y ejemplares argumentos a través de la aplicación de su método de reducción al absurdo. Es de justicia destacar que el complemento perfecto al texto de Bastiat es la introducción –en esta edición de Alianza Editorial, que, como enlazamos, pueden encontrar en Amazon- de Carlos Rodríguez Braun, que coloca al lector no familiarizado con el autor en el punto de salida correcto para sacar el máximo provecho de la obra.

Me voy a permitir citar otras frases del libro porque creo que expresan de forma más clara y concisa de lo que yo podría hacerlo las ideas de Bastiat. Por ejemplo, esta primera: “La personalidad, la libertad y la propiedad existen, no porque los hombres hayan inventado leyes, sino al contrario; las leyes no se hicieron sino porque preexistían la personalidad, la libertad y la propiedad.” ¿Qué mejor argumento para decir que las leyes deben, ante todo, proteger la personalidad, la libertad y la propiedad? O esta otra, que describe a la perfección la frecuentemente contradictoria –gracias a las leyes manipuladas en beneficio de interesadas minorías- situación en la que vivimos: “No puede existir sociedad alguna sin el respeto más o menos profundo de las leyes; pero la condición más segura para que las leyes sean respetadas es que sean respetables. Cuando la Ley y la Moral están en contradicción, el ciudadano se encuentra ante la cruel alternativa de perder la noción de Moral o el respeto de la Ley; calamidades a cual más grandes y entre las cuales es imposible elegir.” Y añado, para terminar, esta última que hace referencia al concepto de “despojo legal”, sobre el que ya, sin calificarlo de esta forma, hemos hablado: “… la Ley lo defiende en muchos casos y aún a veces lo verifica por su mano para evitar sonrojos, peligros y escrúpulos al que del despojo se lucra. Acontece también que la Ley pone todo ese aparato de magistratura, policía, gendarmería y cárceles a disposición del que despoja, y trata como criminal al despojado que se defiende…” Insisto, ¿no es esto lo que se está haciendo, en España, con la llamada “okupación”? 

Tengo que reconocer -porque, ante todo, en RyD, tratamos de contar nuestras experiencias personales- que llegué a Bastiat, al que no conocía, vía un artículo que me recomendó un amigo. En ese artículo, de LIBERTARIANISM (https://www.libertarianism.org/), su autor, Paul Meany, calificaba a Bastiat de una forma que inmediatamente atrajo mi atención: “A diferencia de la mayoría de los filósofos y economistas, Frédéric Bastiat es uno de los pensadores libertarios más divertidos que jamás hayan puesto su pluma sobre el papel.” Y, ahora, luego de leer LA LEY, no tengo la menor duda de que el sr. Meany llevaba razón, y es por ello que os recomiendo, una vez más, su lectura y finalizo con una frase adicional que resume, de un modo preciso, la concepción del francés sobre la ley: “Yo no vacilo en contestar que la ley es la fuerza común organizada para impedir la injusticia, y en menos palabras: LA LEY ES LA JUSTICIA”.  

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